La necesidad del uso racional del agua de riego en el Chaco (I de IX)

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La sequía en el Chaco paraguayo

Las regiones semiáridas, donde la sequía es una constante, representan más del 50% de la superficie total del planeta. Estas no pueden integrarse en el proceso productivo de agricultura por lo limitado de sus recursos edáficos e hídricos. Practicar un uso racional del agua en estas zonas es una prioridad.

La región occidental del Paraguay forma parte del Chaco Boreal. Es la zona más septentrional del Gran Chaco Americano. Se trata de una región biogeográfica de 1.000.000 de Km2, situada en el centro del continente sudamericano. Paraguay, Argentina y Bolivia, principalmente, comparten este ecosistema semiárido. El Chaco es una de las regiones de mayor diversidad ambiental y biológica del planeta, además del área boscosa más grande del continente después de la selva amazónica.

El potencial productivo del Chaco es muy alto. Pero la realidad demuestra que sus recursos naturales y su biodiversidad están sometidos a un severo proceso de degradación. Esta situación se da principalmente por el alto grado de fragilidad de este tipo de ecosistemas y la difícil reversibilidad de algunos procesos biológicos y socioeconómicos.

La desertificación en el Chaco y las inundaciones recurrentes en su parte oriental acentúan la pobreza de las comunidades y su marginalidad económica. Estos factores resultan en migraciones hacia los cinturones urbanos de pobreza.

Suelos del Chaco y agua limpia

La disponibilidad de agua dulce, superficial y subterránea, es escasa debido a las formaciones geológicas naturales. Los suelos del Chaco Boreal son compactos, del tipo cambisol, con preponderancia de limo sobre las arcillas y arenas. Las lluvias oscilan entre 400 y 800 mm/año. La temperatura media anual es de 22ºC y superan los 45ºC en verano.

Actualmente el Chaco enfrenta problemas medioambientales gravísimos:

  • Los cursos de agua dulce se vuelven salados durante la sequía.
  • Los efectos del cambio climático contribuyen a la deforestación en forma de importantes desajustes en época de lluvias. Este círculo vicioso se mantiene porque la propia deforestación acelera también los efectos del cambio climático.
  • La tala de árboles, estimada en 450 hectáreas/día, se suma al proceso de declive.
  • Las sequías son cada vez más prolongadas.
  • El caudal anual de lluvias cae concentrado en unas pocas precipitaciones y existe una dificultad a la hora de cosechar el agua de lluvia porque no se cuenta con instalaciones adecuadas para el aprovechamiento de esta.
  • Las condiciones de sustento de las comunidades están seriamente afectadas.